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lunes, noviembre 28, 2011

Cuerpo, tecnología, consumo y poder

noviembre 28, 2011 0 Comments

Paula Sibila, en El hombre postorgánico, señala que el cuerpo humano se vuelve obsoleto ante las nuevas tecnologías que imperan en la actualidad; en una sociedad de la información donde la técnica es el imperante, el ser humano se aliena con los procesos tecnológicos.

El cuerpo humano pierde valor, pues se privilegian aspectos como las telecomunicaciones, la biogenética, la programación; sin embargo, por otra parte, también se hace frecuentemente una apología de la originalidad, la autonomía y la independencia, conceptos que tienen que ver con la singularidad de un sujeto, de un yo que debe diferenciarse de los demás, con la individualidad.

Cuerpo, tecnología y poder

En un mundo globalizado se defiende la autonomía del sujeto, pero solo en un discurso encubierto. La realidad es que con la información masiva y la tecnología que llega a todos los rincones del mundo las personas se saturan de información, deseos de consumo y de competencia entre iguales. Lo que importa, tal parece, es sobresalir, buscar el poder, y todo esto con sus propias consecuencias políticas.

Y en todo este tejido social lleno de cambios radicales, de diversidades y masas, el cuerpo humano también se modifica. Todos los aspectos tecnológicos, políticos, de educación y culturales efectúan una influencia en la construcción de subjetividades.

“Los cuerpos contemporáneos se presentan como sistemas de procesamiento de datos, códigos, perfiles cifrados, bancos de información. Lanzando a las nuevas cadencias de la tecnociencia, el cuerpo humano parece haber perdido su definición clásica y su solidez analógica: en la esfera digital se vuelve permeable, proyectable, programable”. (Paula Sibila, El hombre postorgánico, FCE. 2005. p. 14).

Pero, la concepción contemporánea del cuerpo humano pasó por varios procesos a lo largo de la historia para que hoy se vea anclado en la tecnociencia y se haya convertido en cuerpo de consumo.

Concepción del cuerpo a través de la historia

Durante la Edad Media el cuerpo humano se regulaba a través de los tiempos rutinarios de los conventos, posteriormente con la aparición del reloj doméstico el cuerpo entró en un control total en todos los ámbitos de la vida del hombre, explica Sibila.

Con la entrada de la era industrial y los procesos de producción del capitalismo, este control fue absoluto. Los cuerpos humanos se sometieron a horarios fijos de trabajo y se globalizó esta forma de control. La economía capitalista constituyó así el paso a nuevas formas de subjetividades por la masificación de tiempos en los cuerpos humanos.

Para el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, se conformaron las sociedades de control, a diferencia de las sociedades disciplinadas, que solo atendían a la producción. Con las sociedades de control el poder y el saber se transforman, lo que importa es el consumo y ya no tanto la producción, el cuerpo ahora se ve como un objeto de consumo.

Cuerpo, biopolítica y poder

Pero qué implicaciones políticas conlleva este proceso de cambio a sociedades de control. Esta pregunta es lanzada al aire por Sibila, no es inocente para ella poner en la mesa los procesos de transformación de subjetividades a lo largo de la historia.

El poder está relacionado indiscutiblemente con el sujeto y no es exclusivo del siglo XX, como lo señala Foucault. Para él el poder más que un atributo del sujeto es una estrategia del sujeto que se constituye históricamente. Y si el sujeto se construye históricamente dónde queda entonces su autonomía.

Tal parece que nos encontramos con una contradicción en la conceptualización y formación del sujeto moderno: dónde queda dicha autonomía, si es que en realidad existe y dónde queda esa apología del sujeto como un yo genuino, original.

Para Sibila, el aspecto político es importante, ya que las relaciones de poder, de control, y su forma de aparecer en la sociedad y en los individuos crean al sujeto. En este caso, en la actualidad, el sujeto se ha modelado para jugar un papel de autocontrol.

El cuerpo como objeto de consumo

Los cuerpos humanos ya no son como en las sociedades disciplinarias, apegados al trabajo y a la producción, sino que se han transformado para fungir al modo capitalista, revisando lo que ofrece el mercado y siendo parte también de él, el cuerpo humano se ha convertido en producto y servicio del mercado, asume sus propios riesgos y vive con la idea del autocontrol. Sin embargo, el poder también se ofrece como una alternativa, como un producto.

Gracias a la tecnología los cuerpos pueden adquirir, consumir, instrumentos tecnológicos que venden una idea de poder. En las prácticas cotidianas existen discursos que nos venden la idea de un sujeto de poder: consumir objetos para obtener poder, estudiar en “x” escuela para escalar en el poder, pertenecer a un partido político, pertenecer a “x” grupo social, las creencias, las doctrinas.

Por donde se mire, el mundo está plagado de discursos que generan un deseo de poder en cada persona. En cualquier ámbito de la vida lo que importa es la legitimación propia, legitimar un yo a través del otro, o en su defecto legitimar algún aspecto personal y es así como se crean nuevas subjetividades.

La legitimación, en este sentido, tiene que ver con la autonomía, la legitimación no solo en el ámbito del derecho, sino a leyes ortodoxas y heterodoxas, a las leyes oficiales o extraoficiales. Todos queremos estar en la legitimidad, ser verdaderos y autónomos.

'Macbeth', retrato de pasiones en William Shakespeare

noviembre 28, 2011 0 Comments

La tragedia de Macbeth detalla las pasiones del ser humano en un mundo regido por el deseo de poder. La ambición de Lady Macbeth desatará sucesos funestos.
En palabras de Millares Carlo, Shakespeare "profundizó como pocos los misterios del alma humana, y creó en su teatro, esmaltado de bellísimos pensamientos, figuras inmortales y llenas de originalidad, que reflejan las pasiones del hombre".

Es así como en Macbeth, sus personajes principales Lady Macbeth y Macbeth, se representan desde sus más bajas pasiones, que por la ambición se logran, en este caso el homicidio. Se llega hasta este punto por querer todo el poder y no importan los lazos familiares con tal de lograr los objetivos.

El dualismo característico del Renacimiento

En la obra de William Shakespeare hay un dualismo característico del Renacimiento: la excesiva alegría de vivir, mezclada con una extraña melancolía, pero ¿cuál es la causa de esta melancolía?

Es la consecuencia de la insaciable curiosidad del hombre renacentista, que no le deja interesarse con el rigor de la Edad Media, sino que lo obliga a investigar más allá, y se encuentra pronto con problemas complicados.

Las pasiones en "Macbeth" de Shakespeare

Shakespeare se preocupaba profundamente por este problema, y sus inmortales tragedias son el producto de esta obsesión. Todas las pasiones humanas se representan en estas tragedias, el embrollo que pueden causar; pero la idea fundamental es siempre el desarrollo lógico de la causa y sus consecuencias.

Una de las más famosas figuras del mundo dramático, no solamente shakesperiano sino de toda la literatura universal es Lady Macbeth. Es uno de los perfiles más fuerte de la figura de mujer en toda la historia de la literatura.

En ella hay una terrible personificación de malignas pasiones y poderes ilimitados; pero la conciencia es más fuerte que todas las pasiones y poderes. La tragedia de su vida es que su conciencia no despierta sino hasta después del crimen.

La ambición en Lady Macbeth

Hay dos motivos dominantes en su vida: su ambición y el amor por su marido, pasiones inseparablemente unidas. Ella ama y admira a su esposo, está convencida de que él, quien es de sangre real y de valor indomable, debía ocupar el trono en lugar de su primo Duncan.

Macbeth también es ambicioso. Desea poseer la corona, pero no tiene valor para cometer un crimen para obtenerla. Lady Macbeth comparte la confianza de su marido en sus más secretos deseos y sus planes más atrevidos.

La ambición de él se ha transformado de tal manera en suya, que cuando él duda es ella quien lo impulsa. Sabe muy bien que él temerá en el momento decisivo, y se convierte en verdadero monstruo cuando le persuade, con fría crueldad, a matar a su primo en la misma noche que éste duerme confiadamente bajo su techo.

William Shakespeare la hace aparecer débil en el momento más sórdido: es cuando su corazón femenino la traiciona al momento de entrar con la daga en su mano en la recámara del rey. La víctima se aparece a su padre en el sueño, y ella no puede cometer el crimen.

Cuando su marido entra con la daga ensangrentada ella se domina y aparentemente está tranquila. Ya lo atormenta a él su vivaz imaginación: “Me pareció oír una voz que gritaba: ¡No dormirás más! ¡Macbeth ha asesinado al sueño! ¡Glamis ha asesinado el sueño, y por tanto, Cawdor no dormirá más!”

Maldición de Macbeth y Lady Macbeth

Esta maldición terrible que arruinará la felicidad y los nervios de los dos, y que finalmente, acabará con ellos, hace estremecerse también a Lady Macbeth. Pero todavía refrena los nervios, creyendo que “un poco de agua nos lavará de esta acción.”

Muy pronto se tendrá que convencer que el crimen no se borra tan fácilmente. Macbeth, perseguido por su conciencia, es poseído de miedo y mata a un hombre tras otro, sospechando siempre de su traición.

Ya no consulta a su esposa, parece haberla olvidado enteramente dentro de sus grandes preocupaciones. En su presencia ella demuestra confianza, tratando en balde de inspirarlo con su propia fuerza. Y cuando él por su rara conducta atrae la sospecha de los cortesanos, con gran sutileza ella logra distraerlos.

Cuando está sola, sin embargo, Lady Macbeth da libre curso a sus negros pensamientos. Son reyes los dos y tienen todo el poder codiciado, pero no pueden dormir. Los remordimientos los mantienen despiertos y el miedo induce al rey a nuevos crímenes, alejándole más y más de su mujer, pues ella ya no quiere ver más sangre.

El remordimiento agregado a la convicción de futilidad de su crimen, va mirando el dominio de sí misma. En la escena en que ella habla dormida, todos sus sentidos sobreexcitados, todos los pensamientos que pesan sobre ella finalmente salen de su cerebro torturado.

La condena de Lady Macbeth

El conocimiento de las intenciones homicidas de su marido la enloquece. Le había parecido tan fácil lavar la sangre con sus manos. Hela allí nuevamente. Esto la atormenta, pero por más que se lave las manos, la sangre no desaparece.

William Shakespeare no condena a Lady Macbeth. La comprende demasiado, compadece a la infeliz mujer cuyas pasiones la han cegado y arruinado para vivir en el infierno de sus propios sentimientos. Ella ha matado y muere loca de remordimientos.

Retrato de bajas pasiones en "Macbeth"

Hombres o mujeres son para Shakespeare seres humanos que representan la vida con toda su alegría y todo su dolor, que viven bajo una ley inexorable que exige cuenta de sus acciones así como de sus pensamientos, y que se cumplen sin remedio. Shakespeare conoce muy bien los defectos y virtudes, así como las debilidades de la mujer.

Esta obra que por muchos es concebida como un drama de terror, llena de misterio por la participación de las brujas que presagian el motivo por el cual todo comienza, el reinado de Macbeth, es el reflejo de un pensamiento que deja ver las pasiones humanas y que destaca la importancia del hombre, de cierta manera una visión humanista, una perspectiva del hombre en Shakespeare muy apropiada para su época.

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