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Pureza y castidad en "La Leyenda de San Julián el Hospitalario"


Buscar la santidad en la figura de Jesucristo es lo que realiza San Julián el Hospitalario, un retrato literario que ofrece Gustave Flaubert.
La santidad conlleva un acto de impureza y de expiación, como lo explica Caillois: “lo puro y lo impuro[…] desempeñan en el mundo de lo sagrado el mismo papel que las nociones del bien y del mal en el dominio profano. Pues bien, el mundo de lo sagrado, entre otras características, se opone al mundo de lo profano como un mundo de energías a un mundo de sustancias.”

La Leyenda de San Julián el Hospitalario, de Gustave Flaubert

Las cualidades de puro e impuro, agrega, se mueven en el terreno del bien y del mal, como entre lo sagrado y lo profano; y tiene que ver, en sentido etimológico, con la mancha.

En La Leyenda de San Julián el Hospitalario, de Gustave Flaubert, Julián se ha manchado, ahora es impuro y debe expiar sus culpas para seguir viviendo de modo “normal” en el mundo. Sabe que es culpable y no puede hacer nada contra ese “destino” que le fue marcado.

Se han cumplido, pues, dos anunciaciones: la muerte de los padres y la fama y la fortuna; el destino de santidad, por destino o por azar, se dará, sin que él lo busque, porque la santidad como fin último no se puede dar.

Asceta, puro e impuro

Sin embargo, por su propia elección, Julián decide llevar una vida de asceta, que por todos es sabido, en la religión cristiana, es uno de los caminos que siguieron la mayoría de quienes fueron santificados.

Pero santo significa manchado, aquel que impuro ya no se le puede tocar porque es profano. Julián, desde este momento y en este sentido, ya es un santo, pero busca expiar sus culpas, se aparta de la sociedad, se despoja de sus bienes materiales.

La expiación es el acto que permite al criminal reanudar su actividad normal y ocupar de nuevo su puesto dentro de la comunidad profana, despojándose de su carácter sagrado”.

En el ámbito de lo puro y lo impuro, lo sagrado y lo profano, lo puro correspondería a lo sagrado y lo impuro a lo profano, de esta manera y teniendo en cuenta que el hombre desde sus inicios busca el contacto con lo sagrado, eso que desconoce: lo otro, como dice María Zambrano, buscará purificarse.

Y así lo hace Julián, a través de una vida de ascetismo. Su vida de asceta será el camino de purificación y de tener un contacto con lo otro. “Se adquiere la pureza sometiéndose a un conjunto de prácticas rituales. Se trata, ante todo (Durkheim lo ha demostrado bien), de separarse progresivamente del mundo profano, a fin de poder penetrar sin peligro en el mundo de lo sagrado.”

Camino a la santidad

Y más adelante dirá que es por eso que se debe rechazar todo lo que forma parte del desenvolvimiento humano, para gustar de la vida divina. Julián, en su camino como mendigo, cuenta su historia y cómo asesinó a sus padres por lo cual la gente huye de él -está manchado-.

En el ámbito humano no encontraba más que vacuidad y por eso decide aislarse sin muchas pertenencias, trabajaba y no pedía nada a cambio. Entregó, sacrificó, todo y luego, al encuentro con el leproso, último personaje que aparece en la historia, le entrega lo último que le queda: su comida, su techo, y al fin, su cuerpo.

Con esto asciende al cielo, santificado. La figura del leproso es el medio por el que se convierte en santo y al despojarse de su cuerpo, lo impuro, recobra la pureza y se da el encuentro con lo divino. Lo sagrado, en este caso, sería la revelación de lo otro: Jesucristo.

Lo que no es sagrado

Sin embargo, el propio Jesucristo no es lo sagrado. Aquí nos damos cuenta que en ese buscar lo sagrado, ya sea en un lugar o un objeto, lo encontró en la figura de Jesucristo, pero lo sagrado, lo no revelado, es la acción misma de ascensión. Ésta pudo haber sido también una anunciación como los ángeles que representaron al principio del relato, pero fueron el camino a la pureza.

Lo sagrado se ha desprovisto de su sentido esencial con el paso de la historia. El hombre, en su inicio, y al reconocer o tratar de reconocer lo otro para diferenciarse de él inventó un lenguaje para nombrarlo, así surgieron los dioses (Zambrano).

El contacto en sí mismo era lo sagrado pero con la instauración de los dioses y la fundación del mundo se va disgregando poco a poco la idea de o sagrado y al hombre se le olvida. Entonces cree que lo sagrado, que en su origen no era eso, es lo divino, lo santo, Dios.

¿Engaño de la religión?

Cuando esto se institucionaliza, las religiones tienen que suministrar lo sagrado a sus fieles y en la idea de pureza e impureza está la santidad, algo que se puede confundir con lo que en esencia representa lo sagrado.

En La leyenda de San Julián el hospitalario hay trazas de la operación de la santidad. Sin embargo, no deja de ser la búsqueda de lo sagrado, en esta ocasión fue con la expiación de las culpas, con la purificación. Pero en toda la historia se constata que para ello interviene el sacrificio, la ofrenda y el rito.

Es ritualizar el mito, de alguna manera, ese rito antiguo fundacional del que hablaba Zambrano y Eliade. Flaubert, al tratar de configurar una historia objetiva, sin dejar de ser una “leyenda”, algo fantástico, describe y narra, a la vez que refleja esa búsqueda y las acciones en el mundo religioso cristiano: cuando ya no hay promesas y el hombre ha quedado nuevamente con su delirio. Tiene que buscar y, como Julián, tal vez encontrar el camino de la purificación, el encuentro con lo divino, todo ello con alguna manifestación de lo sagrado.

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